Llegué a HAITÍ por primera vez en 1998. HAITÍ es un país que no te deja indiferente. Desde el primer momento que pones un pie en él recibes un gran impacto: su gente, sus colores, sus olores... todo ello pasa a formar parte de ti. Ya no puedes vivir de espaldas a su realidad. Los niños haitianos tienen una mirada especial. Una mirada que te pide ayuda para poder tener una vida digna, un derecho del que deberían disfrutar sólo por haber nacido, aunque en su caso ,no es así.Pero ellos se aferran a la vida. Mª Antonia Blasco |
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